Los estudios más recientes de la Personería de Bogotá dejan ver que no sólo se desbordó la capacidad de tratamiento de los contaminantes, por lo que se están arrojando estos líquidos al río Tunjuelo, sino que hay deficiencias en la actual planta para el tratamiento de lixiviados.
Según el último informe del DAMA, desde el año 2004 se utiliza el 100% de la capacidad hidráulica de la planta y el diseño inicial implicaba el tratamiento de 7,5 m³ por hora de lixiviados. Actualmente se están tratando alrededor de 13 m³ por hora.
A ello se le suma la siembra no técnica de la mayoría de los 16.950 árboles plantados en la Zona VIII, debido a que no alcanzan la medida establecida en el Manual de Arborización de Bogotá, de 1,5 m de altura. Por ello, la maleza crece a la par de estos árboles impidiendo su normal desarrollo.
Lo anterior no solamente implica seguir soportando las consecuencias contaminantes en épocas de lluvia, sino el inmanejable incremento de basuras que conlleva a que el relleno de Doña Juana se siga expandiendo, como está sucediendo actualmente; a esto se le suman los malos olores y la proliferación de moscas y roedores que afectan a las comunidades vecinas.
Los protocolos establecen que cuando los residuos alcanzan una altura máxima de 2,5 m, deben ser cubiertos con una capa de tierra de 60 cm de espesor, proceso que debe cumplirse antes de completar 18 horas de exposición, cosa que no se está cumpliendo, según investigaciones.
Teniendo en cuenta que a corto plazo no se podrá contar con esta planta de tratamiento, la Veeduría ha recomendado tomar las medidas de contingencia mientras se materializa este proyecto. Por ahora el relleno de Doña Juana seguirá expandiéndose cada vez más y las consecuencias serán más traumáticas.
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